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El fascismo que viene

preguntas, pablo escobar
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Uno de los principales protagonistas del último mundial de fútbol no ha sido ningún jugador, ni ningún árbitro, ni tan siquiera alguien relacionado con ese mundo del fútbol internacional; no, una de las más aplaudidas ha sido Kolinda Grabar-Kitarovic, la Presidenta de Croacia; una mujer que, si atendemos a la viralidad que ha conseguido en las redes, es encantadora, empática, culta y que ha sabido destacar en un contexto tradicionalmente solo de hombres.

Hablan de que vendió todos los Mercedes gubernamentales de su país (supongo que no se paseará en patinete por Zagreb, que los habrá cambiado por cualquier otro coche, a ser posible alguna berlina premium alemana), que ha vendido el avión presidencial (yo vendí mi coche porque hice cuentas y, dado lo que lo usaba, ahorraba dinero alquilando un coche cada vez que lo necesitaba en lugar de mantener uno en propiedad estacionado permanentemente en mi puerta) que se bajó el sueldo (nadie ha cuantificado esto) y algunas otras cosas similares difundidas a mansalva por todo tipo de redes, siempre con la correspondiente comparación con nuestros derrochadores políticos locales.

No me ha llegado ningún mensaje que diga que esta mujer es dirigente de un partido de ultraderecha, defensora ferviente de mensajes nacionalistas -mensajes que, no olvidemos, constituyen el germen de todas las guerras en los Balcanes pasadas y futuras-, que llegó a la presidencia con una propuesta similar a la de Trump de levantar muros antiinmigración en las fronteras, amiga de grupos radicales xenófobos y racistas, defensora de privar de ayuda humanitaria y asistencia sanitaria a los inmigrantes además de firme opositora de las medidas propuestas por la Unión Europea que contradicen su discurso.

No, no he recibido nada de esto en mis redes. Todos están en lo del Mercedes y en lo del avión. Lo que me ha llevado a recordar aquella profecía de Saramago: “Los fascistas del futuro no van a tener aquel estereotipo de Hitler o de Mussolini. No van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría quiere oír. Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio, y pocos van a percibir que la historia se está repitiendo”.

Pues eso, que viva el fútbol y las presidentas que se deshacen de bienes ostentosos. De cómo se está volviendo a calentar el ambiente en ese Estado imposible -repartido entre comunidades serbias y croatas- que es Bosnia-Herzegovina, por ejemplo, ya si eso hablamos otro día.

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