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De debates electorales cara a cara

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En las elecciones los debates entre candidatos es una de las actividades que tienen cierto predicamento entre ciertos candidatos. Suelen ser peticiones muy controvertidas y las opiniones a favor o en contra se reparten a partes iguales. Para tener este tipo de debates se requieren unos requisitos y unas condiciones precisas, con el fin de evitar desfeitas.

Todos guardan en su memoria el debate en el que John F. Kennedy ganó, con su sonrisa y su tono seductor, ampliamente a Richard Nixon. O a Barak Obama arrasando con su sonrisa, su dialéctica y su tono muscular relajado en cuanto debate asistía, sobre todo el segundo y tercer debate con Mitt Romney. Sí, son debates ganadores, pero se precisa entrenamiento (training) y tener capacidades (capabilities) adecuadas, habilidades (habilities) demostradas y recursos (facilities) accesibles y variados para ser desplegados.

En determinadas circunstancias solicitan esos debates los candidatos cuando se ven en cierta minoría y lo hacen para intimidar, para amenazar, para hacer ruido más que aportar elementos para una dialéctica. No suelen ser debates de contrastar posicionamientos y propuestas, sino de intentos de acorralar o debates tipo “ataque-fuga”. Lo mejor que se puede hacer es cambiar de cadena.

En otras circunstancias ofrece el debate quien se piensa ganador con el interés puesto en su propia supremacía sentida, va de “sobrado”, con una cierta prepotencia y puede salirle mal el cálculo, como le ocurrió a Barak Obama en su primer debate con Mitt Romney.

Es importante valorar con sensatez la posición propia, pero también la del otro. En este sentido el aspecto exterior es  relevante, pero lo es más el tono muscular, que debe ser relajado pero con cierta tensión para trasmitir la atención y la disponibilidad del momento. Un rostro sereno, con gesto adusto pero sonriente es muy adecuado, la sonrisa debe ser natural y no forzada, la sonrisa enlatada suele ser muy traicionera. La actitud receptiva, de escucha, pero de firmeza en las afirmaciones es muy importante. No obstante no se debe trasmitir condescendencia o displicencia hacia el contrario, es un arma de doble filo que se puede volver en contra como un verdadero boomerang. El tono de voz natural, sin altisonancias, no gritar, no interrumpir, saber modular y modelar, que permita destacar lo relevante simplemente por la entonación y las inflexiones de voz. Unos gestos suaves del conjunto del cuerpo, se debe acompañar de unos elegantes movimientos de las manos, no se debe olvidar que las manos parecen que sobran por hipo o por hiperactuación, sus movimientos deben acompañar a lo que se expresa verbalmente ora sin apenas moverse, ora resaltando lo dicho, ora con movimientos firmes, los movimientos hacia arriba y abajo son escasamente fiables, los que denotan alto trasmiten dificultades para el diálogo, los puños en exceso cerrado nos remiten a crispación, el dedo índice apuntando señaliza, pero dificulta la comunicación.

Los debates de “temas pactados y cerrados”, no tienen ningún tipo de interés, no aportan elementos para el análisis. Esos debates de personajes sentados con intervenciones alternativas, con los papeles delante son un aburrimiento. Si además se transforman en una catarata de datos ya… han conseguido un nuevo cambio de cadena. Los datos son necesarios y para ello las fichas concretas, no los folios escritos, son adecuadas, pero todo lo demás debe ser la palabra, el lenguaje hablado y gestual, las inflexiones de voz, la entonación. Saber atraerse al auditorio es un arte. El lenguaje utilizado debe ser comprensible, directo, debe saber utilizar la ironía en el momento preciso, la exposición debe partir desde lo vivido por uno mismo, para diferenciarlo de la contrastación con el interlocutor que entonces se iniciará con lo que uno quiere debatir, contrarrestar o rebatir.

Debaten, se supone, dos o más personas con cierto nivel de educación, de cultura y de conocimientos acerca de la materia que les convoca. Las diferencias personales y de forma de pensar son, precisamente, lo que les reclama para el debate. Pensar diferente no excluye sentir respeto por el otro, como presencia y como pensamiento, en esto se resalta el poder del debate y de la democracia como valor social y de convivencia. La falta de respeto personal, los prejuicios o los insultos previos en tono mayor, dificultan sobremanera un debate limpio, honesto y respetuoso. Es absurdo debatir con personas que utilizan la mentira como argumento y el insulto como contraposición, es muy difícil poder debatir con aquellos que difaman como forma de descalificar al oponente, es muy difícil debatir cuando se manipula la realidad, se interpreta cualquier dato sin planteamientos objetivos ni pruebas. Ejemplos concretos los tenemos con hojear los medios de comunicación o escuchar los informativos de las cadenas de TV.

Se debiera evitar debatir con seres engreídos, insulsos, simples o con escasa capacidad de argumentación, porque intentan rebajar y embarrar el nivel del debate y ahí tienen muchísima experiencia.

No olvidemos nunca que cuando el debate está perdido la calumnia es el arma del perdedor, como sabiamente nos avisaba Sócrates.

J.L. Pedreira Massa

(Psiquiatra y Psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. Psicopatología, Grado de Criminología, UNED)

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